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«Semilla» no ha sido definida. Defínelo TÚ
Pero estas palabras están cerca:
11.COCHO arriba  0 arriba, 0 abajo abajo
República Dominicana República Dominicana
órgano genital femenino sinónimo de vagina y de toto, concha, pepa, rajá, semilla, la boca de abajo, popola, flor, el pan, cacata (esta ultima segun si no esta afeitada), etc.

-Que cocho tiene esa presentadora!!
-waoo siiii, se le ve toa esa rajaaa!!

Loco dime como e que dicen lo bolivianos?
Manin olle como dicen lo bolivianos: "del cocho vengo y pal cocho voy".

por
Anónimo
02 de Feb, 2012
Tags: totosemilla
12.Desgreñarse arriba  1 arriba, 0 abajo abajo
España España
En Español: Acto en el cual dos o mas personas pierden el glamour, el pudor, respeto, recato y decoro y tienden a propinarse golpes tirandose del pelo

En Dominicano: Agarrase de lo moño y dejarle un lado medio calvo a cualquier sucia que intente meterse con uno, casi siempre la que da primero se queda con un pedazo de cabello colgando en la mano y la exhibe para que su triunfo

El diaaaablo juana y jacinta se degreñan, la dejan calva
Mira muchacha de la semilla pa que no no degreñemo como do perra sueltame en banda cojollovean

por
Anónimo
09 de Feb, 2012
13.Aguacate arriba  11 arriba, 8 abajo abajo
República Dominicana República Dominicana
Fruta de color verde o verde oscuro con forma de pera y que tiene una semilla bastante grande. El aguacate abunda en la Republica Dominicana, tanto asi que es exportado a varios paises.

Cosas para la que sirve el aguacate:
- Para comer arroz, abichuela y carne
- Tambien pega con sancocho
- Con locrio
- Pega hasta con platano con salami
- Las mujeres se lo untan en la cabeza para ponerse el cabello brilloso
- Para hacer un famoso jugo de aguacate
- Hasta me han contado de un dulce de aguacate
- Para hacerlo ensalada y comerselo con pan (que desayuno que baja cañon)
- Para hacer aceites
- Para productos de pelo
La lista sigue....

por
Anónimo
27 de Nov, 2007
14.Molondrón arriba  4 arriba, 4 abajo abajo
República Dominicana República Dominicana
Planta fanerógama tropical, originaria de África. Su fruto, una cápsula de forma piramidal, parecida a un pimiento alargado y denominada "espárrago del pobre" por los habitantes de las Antillas, se cosecha antes de su plena maduración y se emplea como verdura y como condimento. En el idioma bantú se conoce como gombo o ngombo Pertenece a la familia de las malváceas. Nombre científico:Abelmoschus esculentus.

Su superficie es velluda y su corte transversal presenta cinco cavidades —en cada una de las cuales es visible una semilla— y deja escapar, aún crudo, una sustancia mucilaginosa (de textura gelatinosa) que le es característica. Existen dos variedades: los gombos verdes y los gombos rojos. Es medicinal y puede ser- utilizado en los tratamientos de tos, resfriado, infecciones por estafilococos en las uñas, ántrax, afecciones de garganta, angina, entre otros.

B: Prepárate un arroz con molondrón y un par plátanos fritos. uuuummmmmmm!!!!!
A: ¿Haz comido gombo abndado en agrio de limón y curry?
B: Sí, pero me gustan más al estilo Luisiana.

por
09 de Mar, 2009
15.La Chingada arriba  6 arriba, 7 abajo abajo
México México
¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la madre. No una madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la "sufrida madre mexicana" que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre. Vale la pena detenerse en el significado de esta voz.
En la Anarquía del lenguaje en la América española, Darío Rubio examina el origen de esta palabra y enumera las significaciones que le prestan casi todos los pueblos hispanoamericanos. Es probable su procedencia azteca: chingaste es xinachtli (semilla de hortaliza) o xinaxtli (aguamiel fermentado). La voz y sus derivados se usan, en casi toda América y en algunas regiones de España, asociados a las bebidas alcohólicas o no: chingaste son los residuos o heces que quedan en el vaso, en Guatemala y El Salvador; en Oaxaca llaman chingaditos a los restos del café; en todo México se llama chínguere o, significativamente, piquete al alcohol; en Chile, Perú y Ecuador la chingana es la taberna; en España chingar equivale a beber mucho, a embriagarse; y en Cuba, un chinguirito es un trago de alcohol.

Chingar también implica la idea de fracaso. En Chile y Argentina se chinga un petardo, "cuando no revienta, se frustra o sale fallido". Y las empresas que fracasan, las fiestas que se aguan, las acciones que no llegan a su término, se chingan. En Colombia, chingarse es llevarse un chasco. En el Plata un vestido desgarrado es un vestido chingado. En casi todas partes chingarse es salir burlado, fracasar. Chingar, asimismo, se emplea en algunas partes de Sudamérica como sinónimo de molestar, zaherir, burlar. Es un verbo agresivo, como puede verse por todas esas significaciones: descolar a los animales, incitar o hurgar a los gallos, chunguear, chasquear, perjudicar, echar a perder, frustrar.

En México los significados de la palabra son innumerables. Es una voz mágica. Basta un cambio de tono, una inflexión apenas, para que el sentido varíe. Hay tantos matices como entonaciones: tantos significados como sentimientos. Se puede ser un chingón, un Gran Chingón (en los negocios, en la política, en el crimen, con las mujeres), un chingaquedito (silencioso, disimulado, urdiendo tramas en la sombra, avanzando cauto para dar el mazazo), un chingoncito. Pero la pluralidad de significaciones no impide que la idea de agresión en todos sus grados, desde el simple de incomodar, picar, zaherir, hasta el de violar, desgarrar y matar se presente siempre como significado último. El verbo denota violencia, salir de sí mismo y penetrar por la fuerza en otro. Y también, herir, rasgar, violar cuerpos, almas, objetos, destruir. Cuando algo se rompe, decimos: "se chingó". Cuando alguien ejecuta un acto desmesurado y contra las reglas, comentamos: "hizo una chingadera".

La idea de romper y de abrir reaparece en casi todas las expresiones. La voz está teñida de sexualidad, pero no es sinónima del acto sexual; se puede chingar a una mujer sin poseerla. Y cuando se alude al acto sexual, la violación o el engaño le prestan un matiz particular. El que chinga jamás lo hace con el consentimiento de la chingada. En suma, chingar es hacer violencia sobre otro. Es un verbo masculino, activo, cruel: pica, hiere, desgarra, mancha. Y provoca una amarga, resentida satisfacción en el que lo ejecuta.

Lo chingado es lo pasivo, lo inerte y abierto, por oposición a lo que chinga, que es activo, agresivo y cerrado. El chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad pura, inerme ante el exterior. La relación entre ambos es violenta, determinada por el poder cínico del primero y la impotencia de la otra. La idea de violación rige oscuramente todos los significados. La dialéctica de "lo cerrado" y "lo abierto" se cumple así con precisión casi feroz.

El poder mágico de la palabra se intensifica por su carácter prohibido. Nadie la dice en público. Solamente un exceso de cólera, una emoción o el entusiasmo delirante, justifican su expresión franca. Es una voz que sólo se oye entre hombres, o en las grandes fiestas. Al gritarla, rompemos un velo de pudor, de silencio o de hipocresía. Nos manifestamos tales como somos de verdad. Las malas palabras hierven en nuestro interior, como hierven nuestros sentimientos. Cuando salen, lo hacen brusca, brutalmente, en forma de alarido, de reto, de ofensa. Son proyectiles o cuchillos. Desgarran. Los españoles también abusan de las expresiones fuertes. Frente a ellos el mexicano es singularmente pulcro. Pero mientras los españoles se complacen en la blasfemia y la escatología, nosotros nos especializamos en la crueldad y el sadismo. El español es simple: insulta a Dios porque cree en él. La blasfemia, dice Machado, es una oración al revés. El placer que experimentan muchos españoles, incluso algunos de sus más altos poetas, al aludir a los detritus y mezclar la mierda con lo sagrado se parece un poco al de los niños que juegan con lodo.

Hay, además del resentimiento, el gusto por los contrastes, que ha engendrado el estilo barroco y el dramatismo de la gran pintura española. Sólo un español puede hablar con autoridad de Onán y Don Juan. En las expresiones mexicanas, por el contrario, no se advierte la dualidad española simbolizada por la oposición de lo real y lo ideal, los místicos y los pícaros, el Quevedo fúnebre y el escatológico, sino la dicotomía entre lo cerrado y lo abierto. El verbo chingar indica el triunfo de lo cerrado, del macho, del fuerte, sobre lo abierto.

La palabra chingar, con todas estas múltiples significaciones, define gran parte de nuestra vida y califica nuestras relaciones con el resto de nuestros amigos y compatriotas. Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa. Esta concepción de la vida social como combate engendra fatalmente la división de la sociedad en fuertes y débiles. Los fuertes los chingones sin escrúpulos, duros e inexorables se rodean de fidelidades ardientes e interesadas. El servilismo ante los poderosos especialmente entre la casta de los "políticos", esto es, de los profesionales de los negocios públicos es una de las deplorables consecuencias de esta situación. Otra, no menos degradante, es la adhesión a las personas y no a los principios. Con frecuencia nuestros políticos confunden los negocios públicos con los privados. No importa. Su riqueza o su influencia en la administración les permite sostener una mesnada que el pueblo llama, muy atinadamente, de "lambiscones" (de lamer).

El verbo chingar maligno, ágil y juguetón como un animal de presa engendra muchas expresiones que hacen de nuestro mundo una selva: hay tigres en los negocios, águilas en las escuelas o en los presidios, leones con los amigos. El soborno se llama "morder". Los burócratas roen sus huesos (los empleos públicos). Y en un mundo de chingones, de relaciones duras, presididas por la violencia y el recelo, en el que nadie se abre ni se raja y todos quieren chingar, las ideas y el trabajo cuentan poco. Lo único que vale es la hombría, el valor personal, capaz de imponerse.

La voz tiene además otro significado, más restringido. Cuando decimos "vete a la Chingada", enviamos a nuestro interlocutor a un espacio lejano, vago e indeterminado. Al país de las cosas rotas, gastadas. País gris, que no está en ninguna parte, inmenso y vacío. Y no sólo por simple asociación fonética lo comparamos a la China, que es también inmensa y remota. La Chingada, a fuerza de uso, de significaciones contrarias y del roce de labios coléricos o entusiasmados, acaba por gastarse, agotar sus contenidos y desaparecer. Es una palabra hueca. No quiere decir nada. Es la nada.

Octavio Paz - Octavio Paz
De El laberinto de la soledad

por
Anónimo
27 de Sep, 2012